Si la luz le pareció intensa, no era
nada comparado con el frío que sintió de momento. Sus mejillas se enrojecieron
y todo su cuerpo se estremeció. Por suerte estaba preparado para ello. Usaba
una chaqueta de piel muy entallada y un pantalón de cuero entubado. Sus botas
también eran de pieles y a decir verdad eran muy elegantes; en general, iba
vestido de una manera muy ostentosa. Tal vez no era un simple beodo cualquiera.
Una vez hubo aclarado su vista,
comenzó a deambular por las calles. Siempre al margen de la calzada. Iba a
ningún lugar con ningún propósito. Lo hizo por mucho tiempo, hasta que se
encontró ya muy lejos de aquella posada -Había emprendido su caminata un par de
horas justo después del amanecer, y ahora el sol se hallaba en su cénit-. Llegó
hasta los lindes del pueblo y continuó alejándose. El empedrado de la ciudad
había quedado atrás y en su lugar había un amplio campo resplandeciente yaciendo
bajo el sol, que entre ratos se ocultaba detrás de las nubes que iban de paso. El
pasto verde se movía y centellaba como marea en tiempos de tormenta, y el
viento frío agitaba su melena contra su cara. Luego prosiguió por una senda con
la que había topado, descubrió una saliente y siguió por ahí hasta donde
comenzaba el bosque. Se adentró un poco más y los arboles comenzaron a abundar.
Reparó un momento, y se sentó debajo de uno de ellos.
<<Dormir es fácil, lo
difícil es despertar>> -Escuchó una voz, con tono sarcástico.
<<El tiempo es
esencial>>
<<No debes recordar, pero tampoco
debes olvidar>>
<<Ja, ja, ja, ja>> La
risa era aún más sardónica.
<<23-27>> La última voz
resonó en su cabeza con tal fuerza que lo hizo sacudirse de golpe. Abrió los
ojos y miró hacia el cielo, era un hermoso cielo naranja veteado de azul, con
nubes rosas y moradas. Se había quedado dormido otra vez, y al parecer ya no le
sorprendía.
Las sombras largas de los árboles,
que se extendían infinitamente, solo significaban algo. La noche estaba por caer
y el bosque no era sitio adecuado para pasarla. Así que se levantó del suelo en
un solo movimiento y emprendió su camino de regreso.
Recordaba muy bien el trayecto,
tardó menos en regresar que lo que le había tomado irse, y el sol aún rayaba en
la lejanía. Debía buscar un refugio para no congelarse esta noche, pues la temperatura descendía rápidamente. Tenía
monedas suficientes en su bolsillo, o eso esperaba. Lo mejor sería ir a una
posada. Sí, a otra posada. Pero esta vez sería una donde no se sintiera tan
raro, y se aseguraría de no beber demasiado.